Para aquellos que (todavía) no lo sepan creo en Dios. Y si Emma García sacara el polígrafo el resultado de mi confesión sería: “eso es… verdad”. Sí, creo sin lugar a dudas que existe un ser superior al hombre, que nos creó de la nada y no de ningún primate (aunque haya machomenes con pelos por todo el cuerpo de dudoso origen) y se reencarnó hace más de 2.000 años en un tipo de carne y hueso llamado Jesús, al que podemos demostrar históricamente… gracias a “Dios”.
Pero hablemos claro. ¿Alguien ve algún sentido a esos autobuses de moda que ya están llenando las ciudades con una publicidad unos a favor del ateísmo y otros proclamando que Dios sí que existe? ¿No parece que lo que unos llaman “libertad de expresión” no es más que una chorrada mediática que lo único que hace es llenar las páginas de los periódicos en lugar de escribir líneas con las soluciones para el conflicto árabe-israelí, por poner un conflicto de los gordos?
Para empezar, el lema de la publicidad atea y que viene de Londres primeramente y de Barcelona segundamente, e impulsada por la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores “reza” lo siguiente: “Dios probablemente no existe. No te preocupes y disfruta de la vida”. Uno: Muy señores míos (ateos), en el ateísmo no cabe el “probablemente”, Se AFIRMA rotundamente que Dios NO existe. Qué es eso de dudar. Si dudas, estás dando a entender que quizá haya una remota posibilidad que exista. Dos: Sigue diciendo el lema, “No te preocupes y disfruta de la vida”. Cómo si a un ateo le “preocupara” que haya gente que crea en Dios; en teoría se la reflanflinfla, ¿no? Y apela a que “disfrute de la vida”, como poniendo en duda que el ateo tuviera prob

lemas para pasárselo pipa en este mundo…. Y lo que es peor, como queriendo decir que el que cree en Dios no es capaz de disfrutar de la vida como lo hace el ateo. Como si en Dios no cupiera el término “disfrute” (de todo lo que te ofrece esta vida terrenal). Desde luego, una campaña publicitaria más que desafortunada e incorrecta lingüísticamente. Si yo fuera atea, ya estaría más que ofendida. Y como no-atea también me ofendo porque por lo visto no soy “librepensadora”… pero yo creo en Dios “libremente”, sin que nadie me haya obligado. Y además, lo he “pensado” muy bien, nada de a la ligera.
Ahora, que si miedo produce este sinsentido de proclamar a los cuatro vientos el ateísmo en mayúsculas, igual de poco afortunada me parece la contra campaña que ha puesto en marcha un pastor evangélico (que no evangelista, por favor, entérense ya de una vez que “evangelistas” sólo fueron cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, autores de los cuatro evangelios de la Biblia) de Fuenlabrada en la que pagando unos 1.800 euros de su bolsillo ha puesto anuncios en el autobús 201, entre Ventas y Hortaleza para más señas. Los anuncios vienen a contestar a los que figuran en los llamados “autobuses ateos” y en ellos se puede leer: “Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo”. Desde luego que estoy de acuerdo en que en Cristo se disfruta estupendamente y plenamente de la vida (se lo dice una servidora), porque si yo elijo a tener a Jesús como faro en la vida (aquí en la Tierra) no voy a disfrutar menos de las cosas que si fuera atea. Todo lo contrario. Faltaba más creer en algo que en lugar de darte libertad, te la quitara. Sin embargo es triste que esta campaña también surja para contestar a otra y que esta moda de creer o no creer se esté convirtiendo en algo tan trivial que podamos colgarlo en autobuses. ¿Qué puede ser lo próximo? ¿Autobuses que debatan si estás a favor o en contra del aborto? O ¿Eres de izquierdas o de derechas? Y ya rizando el rizo, ¿eres más de tanga o de braguita?
Lo cierto es que no creo que viendo el anuncio en el autobús nadie vaya a cambiar sus creencias religiosas. Y gastarse tanto dinero en lo que creo que son chorradas sí que tiene delito, tanto para los de la campaña ateísta, como los que la contestaron afirmando la existencia de Dios… entrando en un juego infantil. Que esto de creer es algo muy serio, por favor. Y tan tan íntimo…
El otro día veía en la televisión a la gente opinando sobre los famosos autobuses. Un joven decía que lo último que se fija en un autobús es en si tiene publicidad o no. Que tiene suficiente con cogerlo a tiempo para ir a su trabajo. Otra señora opinaba que le daba igual que viniera un autobús u otro, que ella se iba a subir igual aún siendo católica. Y un señor mayor dijo una cosa la mar de sencilla, que qué era eso de que los autobuses sean ateos o creyentes. Pues eso, dejemos a los autobuses en paz, y que sólo sirvan para la finalidad con la que fueron creados. Por Dios.
¿Foto?: Dios, que es muy expresivo