martes, 9 de septiembre de 2008

Life is a kleenex

Una foto antigua. Año 1961. Varias niñas posando para la foto oficial de la clase. Nos situamos en Tánger, en la escuelas francesa de la ciudad. Las niñas eran de tantas nacionalidades como tonalidades de color tiene el arco iris. Había francesas, checas, italianas, rumanas, rusas, marroquíes… y también españolas. Mirad la fila de arriba del todo, la primera niña que hay a la izquierda. Esa es mi madre, con 9 años. Año 2008. Entra en mi oficina un chico en prácticas. Es sobrino de un amigo francés del jefe. El chico es muy moreno y se llama Ruddy Rehana. Apellido del padre claro, que el de su madre, me dice, antes de casarse era Gozal. “¿Gozal?”, me pregunta mi madre en casa. Y va en busca de algo. Me viene con una foto en la mano. “Yo estaba con una chica que se apellidaba Gozal en la escuela. Ésta”. Junto a la foto, un folio con los nombres de las niñas y sus apellidos según estaban colocadas. Cómo era mi madre de los detalles. “Sí, Stella Gozal”. Tercera fila empezando por arriba, la cuarta niña empezando por la derecha. Brazos cruzados y algo regordeta. La madre de Ruddy es francesa y estudió en Tánger. “¿Cómo se llama tu madre?”, le pregunto a Ruddy. “Stella”. Desde luego, el mundo es un pañuelo.

¿Foto?: Liceo francés en Tánger, curso escolar 1960-1961.

martes, 2 de septiembre de 2008

Come back

Es obvio que hemos vuelto de las vacaciones por tres razones fundamentales. Uno. Hay ocho millones de personas más en el metro que el viernes pasado, por ejemplo, que sólo éramos cuatro monos en un vagón. Dos. Vuelve el fútbol a nuestras vidas. Tres. Vuelven los periódicos gratuitos. Pero no uno, ni dos. Ayer, de golpe y porrazo, me dieron cuatro. ¿Pero para qué quiero tanto periódico? ¡Si sólo me va a dar tiempo a leer uno como mucho! Si supieran qué verano más aburrido sin saber nada del mundo... sin un mísero panfletillo para leer lo que pasa más allá de mi oficina... Bueno, lo que sí ha pasado es que hemos tenido dos buenos payasos. Uno es negro y se llama Bolt. Hace sus payasadas delante de la cámara y luego se pone a correr y ya ni le ves. Como te quites un pelo del hombro y vuelvas la cara a la tele ya están poniendo el telediario. Ahh, se siente. Pero ha habido otro payaso mejor este verano, el Joker. Da miedo de verdad, como las arañas de la casa de mi pueblo. Mi santo y yo fuimos a ver al Joker al cine. Pusieron un trailer de “Los girasoles ciegos” y yo indignada con que el cine español seguía con sus guarrerías de siempre. Dicho esto se sienta a nuestro lado un tipo que se parecía a Pedro Almodóvar. No, no se parece, ¡qué co... piiiiiiii! ¡Es el mismísimo Pedro Almodóvar! Y en ese momento no se te ocurre otra cosa que acercarte al oído del santo y susurrarle por lo bajini: ¡¡Peeeeeeeeedroooooo!! El ser humano es tonto de remate. Yo sólo le miraba a ver qué hacía. Llevaba una bolsa de plástico que hacía mucho ruido, un paraguas, un bolso y bebía de una botella de agua. Se colocó unas gafas para ver mejor. A mitad de la película salió del cine. A lo mejor llamaba a Christian Bale para ofrecerle un papel en su próxima película. Si lo sé, le digo que se prepare para enseñar sus cosillas, que con Pedro ya se sabe. Todo al aire libre. La peli terminó y antes de que se encendieran las luces y le viera todo el mundo se marcha, más cargado que una mula. Pero hay una cosa que se ha dejado: la botella de agua. Anda que si la vendiera yo en ebay... Pondría un mensaje al lado: “Media botella de agua de Pedro Almodóvar utilizada mientras veía en el cine Princesa de Plaza España la película “El caballero oscuro”. Me fui sin la botella y en casa me acordé de una cosa: menos mal que no escuchó mis insultos al cine de guarrerías español...

¿Foto?: Sara Tancredi también se pirra por los periódicos gratuitos.

martes, 1 de julio de 2008

Number five: ¿Una aceitunita?

En medio de unas callejuelas estrechas y todas iguales, abarrotadas de gente, calor y tiendas, un escondrijo que conduce a una pequeña plazuela (¿plazuela existe?) donde no hay nada más que bidones y bidones de aceitunas.
- Madre mía... ¡qué de aceitunas!
- Que por que no nos cabe en la maleta, si no me llevaba yo uno de esos a casa.
- Podéis probar una si queréis.
Una, dos, tres, cuatro y hasta veintiocho por lo menos, de todos los colores y sabores.
- Dije que podíais coger alguna pero no todas... ¡Cómo gocheáis!

1) Adivinad quién dice qué.
2) ¿Quién o quiénes son los “gochos” de esta historia?

¿Foto?: ¿En el paraíso habrá tanta aceituna?

lunes, 30 de junio de 2008

Number four: Europe’s living a celebration

Mira tú qué bien me viene la fotillo para ilustrar la foto del día que inunda la actualidad. Por si alguno no se ha enterado aún, hemos ganado a Alemania en la Eurocopa. Lo saben hasta los neoyorkinos que lo han leído hoy en su “The New York Times”. Ésta quizá sea mi favorita de entre todas las fotos que hice en Casablanca porque resume un poco cómo es la ciudad: tiene mar, clima cálido y dos generaciones muy diferentes: una donde las mujeres mayores aún tienen por costumbre cubrirse la cabeza, otra donde la nueva generación abraza Occidente y todo lo que de allí procede, incluido el fútbol, del que Marruecos suspira apasionado. A los chavales les encanta el fútbol. No se bañan en la playa. El agua se aburre mientras contempla cómo los niños (y no tan niños) juegan al fútbol en la orilla enfundados en camisetas de Kaká, Torres o Val Nistelrooy. Ya puede llegar un tiburón a la orilla que nadie se percatará de ello. Una pasión por el fútbol europeo que Casablanca va impregnándose al igual que hoy se empapa el resto del mundo tras la Eurocopa de Austria y Viena. Anoche yo no tenía puesta la camiseta del Barça, como la que tiene el niño, ni siquiera la de España. Unos trocitos de queso manchego (sí, tierra de Iniesta) fueron mis únicos acompañantes patrios para ver el partido, ya que ni familia, ni amigos ni mi querido santo me acompañaban en una noche que se intuía que iba a ser apoteósica. Ayer me di cuenta que me pone triste estar sola en casa... pero más triste me parece ver sola un partido de fútbol. Mi canto al gol de Torres fue un canto descafeinado. El eco, al menos lo puso la calle. Goles son amores, pero los goles, (como los amores) mejor si son acompañados. Conclusión: compañía para la próxima vez. Pero a ser posible, querida selección, que sea antes de otros 40 años.

¿Foto?: De charleta por la playa

martes, 17 de junio de 2008

Numbers two and three: La pitanza

En nuestro periplo por Casablanca lo más divertido fue la hora de la pitanza. Digo divertido porque ver a mi santo comer esa rica fuente de pescado, gambas y calamares fritos si un usar un sólo dedo tiene su mérito, os lo digo yo que he sido testigo. La forma de comer del resto de los comensales, entre los que me encontraba yo, fue lo más parecido a esos banquetes de Asterix y Obelix, llenándonos de grasilla hasta el codo y más allá. Y qué decir del cous-cous. La foto no hace justicia al tamaño descomunal de la fuente que generosamente la familia de Hicham quiso compartir con nosotros. Al parecer es el plato del “viernes”, como aquí la paella los domingos. Fue un momento muy muy especial cuando nos repartieron una cuchara a cada uno y comimos todos del mismo plato. ¡Me sentí como una auténtica mora! Y aunque no es de mucha costumbre rajar mientras se come, yo antes muero si no hablo. Para rematar la faena, tomamos 800 vasos de un té casero muy azucarado en una sala de “Las mil y una noches” donde toda la familia desaparece como si nada (también es su costumbre) dejando a los invitados que planchen la oreja solos y a gusto...

¿Fotos?: Pescaíto frito y la piscina de cous-cous

lunes, 9 de junio de 2008

Number One: Blanco a cascoporro

Los marinos portugueses del siglo XV van a la colina de Anfa, donde está construida esta pequeña ciudad marroquí y se ponen a dar patadas a todo, a tirar cañones desde sus buques y destrozan todo lo que pillan. Tres siglos después, un sultán llamado Mohamed Ben Abadía decide reconstruir este lugar para preservarlo de más desembarcos lusos. La ciudad es llamada “Dar El Beida”, que significa literalmente: casablanca. Y se manda construir una mezquita, una madraza (como lo es mi madre) y de un hammam... un sitio público donde los árabes (tanto hombres como mujeres) se lavan y se relavan hasta quedarse igual que el color de sus casas. Yo fui a lavarme a un hammam y ahora me confunden con Michael Jackson...

¿Foto?: Vista de Casablanca desde terraza hotel

martes, 3 de junio de 2008

Siempre nos quedará Casablanca...

Mi santo y yo hemos viajado a la ciudad que tiene nombre de película... y una película que por cierto no se rodó ni una sola toma en la susodicha ciudad marroquí. Hay que decir que Bogart y Bergman eran un poco sosos, no como mi santo y yo, que hemos comido cous-cous casero del mismo plato y nos hemos subimos con taxistas suicidas y sobrevivimos y todo. Muy pronto, las mejores tomas de la Casablanca... de verdad.

¿Foto?: Bogart y Bergman en exposición Festival de Cine de Sitges 2007.